Serie OIRs · Parte 1 de 3

OIRS de segunda generación: escuchar también es gestionar mejor en salud

Una OIRS no recibe solo reclamos. Recibe cansancio, incertidumbre, molestia, angustia, agradecimientos y, muchas veces, una pregunta muy humana: "¿Alguien puede ayudarme a entender qué hago ahora?"

Por eso, las Oficinas de Información, Reclamos y Sugerencias del sistema de salud cumplen una función mucho más estratégica de lo que habitualmente se reconoce.

No son solo una ventanilla administrativa. Son una zona de contacto entre la experiencia real de las personas y la capacidad del Estado para escuchar, orientar, responder y mejorar.

Quienes trabajan en una OIRS sostienen una labor difícil: acogen, ordenan información, gestionan derivaciones, cuidan plazos, enfrentan frustración ciudadana y contribuyen a que la institución entregue una respuesta. Esa tarea requiere criterio, conocimiento del sistema, manejo emocional y vocación pública.

Por eso, el punto de partida debe ser el reconocimiento.

Pero reconocer a las OIRS no significa dejarlas donde están. Al contrario: significa proyectarlas hacia una nueva etapa.

Chile ya ha avanzado en atención ciudadana, trazabilidad, canales digitales y modernización de procedimientos. Por lo mismo, el desafío ya no puede reducirse a "digitalizar reclamos" o "mejorar registros".

El salto pendiente es más exigente: avanzar hacia OIRS de segunda generación.

Una OIRS de segunda generación no se limita a recibir, derivar y responder. Convierte la voz usuaria en aprendizaje institucional.

No pregunta solo cuántos reclamos ingresaron o cuántos se respondieron dentro de plazo. Pregunta algo más relevante: ¿Qué está aprendiendo la red de salud a partir de lo que las personas dicen cuando sienten que algo falló?

Ahí cambia la mirada.

Una OIRS tradicional puede cerrar un caso. Una OIRS de segunda generación ayuda a que la organización aprenda de ese caso.

Una OIRS tradicional clasifica materias. Una OIRS de segunda generación identifica señales críticas, brechas repetidas y riesgos que los indicadores habituales no siempre muestran.

Una OIRS tradicional orienta a quien reclama. Una OIRS de segunda generación también se pregunta por quienes no están logrando reclamar: personas mayores solas, usuarios rurales, cuidadores sobrecargados, personas con discapacidad, migrantes o usuarios con baja alfabetización digital.

En salud, una baja tasa de reclamos no siempre significa satisfacción. A veces puede significar distancia, desconocimiento, resignación o falta de apoyo para ejercer derechos.

Infografía · Serie OIRs — Parte 1
OIRS de Segunda Generación: Transformando la Escucha en Gestión de Salud

OIRS de Segunda Generación: Transformando la Escucha en Gestión de Salud

Por eso, una primera innovación sería construir mapas de silencio ciudadano: identificar territorios, grupos o perfiles que casi no usan los canales OIRS, no porque no tengan problemas, sino porque enfrentan más barreras para expresarlos.

Innovación 1 · Mapas de silencio ciudadano
Identificar territorios, grupos y perfiles que casi no usan los canales OIRS — no porque no tengan problemas, sino porque enfrentan más barreras para expresarlos: distancia, desconocimiento, resignación o falta de apoyo.
Innovación 2 · Navegadores de experiencia usuaria
Apoyo especializado para personas que necesitan orientación dentro de una red compleja: adultos mayores, cuidadores, usuarios rurales, personas con discapacidad o familias que no saben cómo avanzar. No más burocracia — más acompañamiento.
Innovación 3 · Reclamos centinela
No todos los reclamos tienen el mismo valor estratégico. Algunos — aunque sean pocos — revelan fallas de coordinación, trato, acceso, continuidad de atención o información. Esos casos no deberían perderse dentro del flujo ordinario.

La tecnología puede ayudar: datos, tableros, interoperabilidad, analítica e inteligencia artificial pueden fortalecer la gestión. Pero el centro no debe ser la tecnología. El centro debe ser la escucha.

Una OIRS moderna no debería medirse solo por cantidad de ingresos, tiempos de respuesta o canales disponibles. También debería medirse por su capacidad para anticipar riesgos, orientar mejor a los grupos más vulnerables, generar aprendizaje institucional y aportar información útil para la dirección.

Ese es el corazón de una OIRS de segunda generación: pasar del cierre administrativo al aprendizaje organizacional.

Porque responder dentro de plazo es necesario. Pero no siempre es suficiente.

La pregunta decisiva es otra: ¿Qué mejora concreta dejó este requerimiento en la institución?

En salud, escuchar también es cuidar.

Y una red asistencial que aprende de lo que las personas reclaman, sugieren, agradecen o advierten, no solo responde mejor. También se vuelve más legítima, más humana y más confiable.